Las grandes compañías chinas pisan el acelerador para hacerse con activos fuera de sus fronteras. En el escaso mes y medio desde que empezó 2016, las empresas del gigante asiático se han gastado unos 61.000 millones de euros en inversiones en el extranjero, en medio de una economía local en desaceleración y la pérdida de valor de su moneda. Para algunas empresas, invertir fuera se convierte en una válvula de escape en caso de que la desaceleración en casa se acentúe: "en China hay una falta de nuevos motores de crecimiento, por lo que más y más compañías quieren diversificar sus riesgos. Y sus objetivos son cada vez más grandes y más visibles".
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